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INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS  (Fran Espin MTX Team)

INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS (Fran Espin MTX Team)

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Es un trastorno cada vez más extendido en nuestra sociedad. Las alergias e intolerancias alimentarias generan molestias diarias a quienes las padecen, pero también pueden debilitar su salud crónicamente. El mimo del aparato digestivo debe ser el primer pilar de nuestra medicina preventiva.

Uno de los problemas de salud más frecuentes que se presenta entre la población de la sociedad moderna es el de los trastornos digestivos, que se manifiesta de muy diversas maneras: dilatación abdominal, gases, acidez estomacal, estreñimiento y/o diarreas, náuseas… Las causas que motivan este desordenes son diversas. Todos ellas se pueden concretar en una, el modo inadecuado en el que nos alimentamos: forma de cocinar los alimentos, aumento de consumo de alimentos procesados con colorantes y conservantes, exceso de grasas o azucares, dieta desequilibrada, escaso aporte de fibra en nuestra dieta, ingestión de determinados productos, falta de variación en nuestra alimentación, estilo de vida actual (comer deprisa, estrés…) hábitos tóxicos (alcohol, tabaco, consumo frecuente de medicamentos que alteren tu sistema hepático, etc.)…

                     

El intestino delgado es una de las partes del aparato digestivo que habitualmente genera estas disfunciones, ya que además de su capacidad para digerir y absorber los nutrientes de los alimentos, representa el 70 por ciento de nuestro sistema inmunológico o de nuestras defensas. Como consecuencia, su afectación puede producir, además de síntomas digestivos otro tipo de molestias más generales e inespecíficas como picores, dolor de cabeza, manchas en la piel, cansancio, cambios de humor, depresión o insomnio, entre otras, que generalmente no solemos relacionar con el aparato orgánico. Es raro que los afectados establezcan de inmediato la relación entre el alimento desencadenante y los síntomas.

Aunque la mayoría de las personas puede comer casi todos los alimentos sin que generen problemas, hay un porcentaje de la población, que aumenta aña a año, al que algunos de ellos o componente concretos de estos les puede causar reacciones adversar. Esto se corresponde con las denominadas intolerancias y/o alergias alimentarias que se traducen en dolencias, atribuidas a la ingestión, al contacto o a la inhalación de un alimento o de un aditivo contenido en el mismo. Suele ocurrir que son tolerados por la mayoría de las personas, excepto por los individuos sensibles. Esta respuesta anormal abarca desde pequeñas erupciones en la piel o diarreas hasta reacciones alérgicas graves como un ‘shock’ anafiláctico que puede poner en peligro tu vida.

Base Metabólica

No es lo mismo una intolerancia que una alergia alimentaria. La intolerancia alimentaria es una respuesta anormal a un alimento en el que, en un principio, no se ha demostrado ningún mecanismo inmunológico, sino que suele tener una base metabólica, relacionada con un

déficit de enzimas involucradas en su absorción. Es el caso de la intolerancia a la lactosa en la que se produce un déficit de la enzima lactasa, responsable de metabolizar el azúcar de la leche, o indeterminada, en la que los mecanismos no están bien aclarados. En cambio en la alergia alimentaria la reacción secundaria a la ingesta, contacto con inhalación de los alimentos, cursa con una base inmunológica medida por anticuerpos IgE, caracterizándose por que solo producen en algunos individuos y porque pueden ocurrir después de tomar cantidades muy pequeñas. Entre los alérgenos alimentarios más frecuentes se encuentran el gluten (proteína presente en el trigo, avena, cebada, centeno, y espelta), las proteínas de la leche animal (vaca, oveja, etc.), las frutas, las leguminosas, los huevos, los crustáceos, las nueces, el pescado y las hortalizas.

 

                        

 

La mucosa del intestino delgado queda dañada en ambos casos. Pierde su función “barrera” disminuye la producción de enzimas digestivas y destruye el ambiente perfecto para que los microorganismos que habitan en nuestro interior convivan en armonía. Esta situación da lugar a una alteración de la permeabilidad, gracias a la cual se permite que leguen al torrente sanguíneo residuos bacterianos y macromoléculas alimenticias no digeribles, con la consecuente incidencia negativa sobre la salud.

Nuestras defensas detectan a los “intrusos” y ponen en marcha toda una serie de medidas de urgencia para intentar acabar con ellos. Además de los síntomas locales que pueden presentarse – diarrea, dolor abdominal, náuseas, pesadez de estómago, malas digestiones, flatulencias, espasmos abdominales…- y de los síntomas debidos a una menor capacidad de absorber nutrientes esenciales como proteínas, hidratos de carbono, ácidos grasos, vitaminas y minerales – pérdida de peso, desnutrición, problemas de crecimiento, fatiga, irritabilidad…-, estos pacientes muestran una afectación del estado general que favorece el desarrollo de determinas patologías como alergias, asma, infecciones respiratorias y urinarias de repetición, trastornos del sueño, cuadros reumáticos, predisposición al síndrome metabólico, enfermedades autoinmunes, trastornos nerviosos, alteraciones cardiovasculares, etc. Habitualmente, ante la dificultad de establecer un diagnóstico, el tratamiento convencional está orientado a combatir los síntomas y no la causa, por lo que de esta manera se puede estar favoreciendo la cronificaciòn del problema.

¿Qué es lo que nosotros podemos hacer? ¿Cómo podemos ayudar a las personas que padecen estas disfunciones?

En primer lugar, debemos establecer una dieta adecuada y equilibrada, aumentando el consumo de alimentos crudos y cocinando a temperaturas inferiores a 110ºC. No existe una dieta ideal y universal, si no que el tipo de alimentación deberá adaptarse a las necesidades funcionales y metabólicas de cada individuo. En caso de alergias, obviamente hay que eliminar de la dieta el alimento causante, y en las personas que presentan una intolerancia pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio sin que se den síntomas, excepto en el caso de personas que sean sensibles al gluten o al sulfito.

 

                        

 

Regeneración

Y sobre todo, podemos colaborar en la nutrición y regeneración de las células intestinales (enterocitos y colonocitos) para estimular y hacer más rápida la reparación de la mucosa intestinal mediante el aporte de:

*Enzimas digestivas y Sustancias que favorezcan la digestión correcta de los alimentos.

*Prebióticos para restablecer la flora intestinal y, así, contribuir a la capacidad defensiva del organismo para protegernos contra la invasión de microorganismos patógenos.

*Sustancias cicatrizantes: L-Glutamina, Ácidos grasos de cadena corta (AGCC), Inulina, Vitamina A (retinol), Vitamina C, Quercetina, Zinc.

*Sustancias con acción antioxidante y antiinflamatoria: Zinc, Cobre, Glutatión reducido, L-Metionina, L-Cisteína, OPC (Proantocianidinas Oligomericas), Acidos grasos esenciales Omega 3 y 6.

*Sustancias antisépticas y antiespasmódicas intestinales, como los aceites esenciales de Orejano, Clavo o Menta.

Estos son algunos ejemplos claros de componentes que pueden facilitar nuestras digestiones, pero siempre has de recordar que un entorno favorable en tu vida va a ayudar en gran medida a que todo proceso de regeneración sea más eficaz.

 

Francisco Espín Méndez (Atleta MTX)